Nuestra historia comienza en la década de los años treinta, cuando nuestros abuelos llegaron a estas tierras impulsados por un sueño común: cultivar café. Como muchas familias de la época, migraron siguiendo la esperanza que ofrecía la caficultura, en un momento en que esta actividad empezaba a consolidarse en la cordillera del Quindío y en Colombia en general.
Nuestros abuelos provenían de Abejorral, Antioquia. El primer destino de nuestro abuelo fue Sevilla, Valle del Cauca, que en aquel entonces era reconocido como el municipio más productor de café del país. Allí conoció de cerca el auge cafetero y fortaleció su vocación por este cultivo que marcaría para siempre la historia de nuestra familia.
Con el paso del tiempo, y gracias a la cercanía geográfica y a la vía que comunica Sevilla con Pijao, Quindío, nuestros abuelos continuaron su camino. Nuestra abuela, con raíces familiares en Pijao, fue un puente natural para que finalmente llegaran a Buenavista, lugar donde decidieron establecerse y echar raíces definitivas.
Desde entonces, nuestra finca se convirtió en un espacio de trabajo, esfuerzo y aprendizaje. Generación tras generación, hemos mantenido vivo el legado cafetero, dedicándonos con constancia al cultivo de café. Hoy podemos decir con orgullo que llevamos décadas cultivando café de excelente calidad, no solo como un producto para nuestros consumidores, sino como un ejemplo y una herencia para nuestras futuras generaciones.
Somos ya la tercera generación de una familia caficultora que ha sabido honrar el trabajo de quienes llegaron primero, cuidando la tierra y preservando una tradición que define nuestra identidad. Nuestra finca no es solo un lugar de producción; es memoria, familia y continuidad, un testimonio vivo de la historia cafetera que nos precede y que seguimos construyendo cada día.